Foto: Tomasz Stachura / Santi Diving

La mañana del 13 de abril de 1945, un escuadrón de cazas soviéticos divisaron al Karlsruhe en aguas del Mar Báltico. El viejo crucero a vapor no duró ni tres minutos. Solo 113 de los 1.083 pasajeros a bordo se salvaron. El resto reposa desde entonces junto a un misterio de 75 años: su cargamento.

Sabemos de la existencia del Karlsruhe porque hay documentos alemanes que certifican su hundimiento. Lo que nunca ha salido a la luz es con qué carga salió del puerto de Hel, en Polonia. Ese misterio se descubrirá en los próximos meses gracias al trabajo de un grupo de buceadores polacos acaban de dar con la localización del Karlsruhe, a 90 metros de profundidad en las mismas aguas del Mar Báltico de las que pretendía escapar.

Las primeras fotos del pécio muestran vehículos alemanes de la época, pero en su bodega de carga, prácticamente intacta al quedar protegida por la arena del fondo también han encontrado piezas de porcelana, un indicador de que los nazis usaron el navío para transportar algo más que camiones y refugiados. El premio gordo podría estar en un número indeterminado de grandes cofres de madera intactos y aún cerrados. No hay ningún documento que aclare que contienen. La única manera de descubrirlo será esperar a que los buceadores los recuperen y los abran. La tarea no es fácil. Trabajar a esa profundidad les obliga a pasar por cerca de dos horas y media de descompresión. El buceador profesional polaco y director de Santi Diving, la compañía que ha hecho el descubrimiento, Tomasz Stachura, explica que será necesaria una campana de inmersión para poder explorar el barco con seguridad.

La tarea podría merecer la pena más allá de su relevancia histórica. Los arqueólogos tienen la esperanza de que sea un tesoro muy especial: la mítica cámara de Ámbar.

Cómo explicábamos hace un tiempo en estas mismas páginas, la Cámara de ámbar es una habitación, literalmente, pero no una habitación cualquiera. Sus paredes estaban recubiertas de miles de fragmentos de ámbar, oro y piedras preciosas. Se calcula que para fabricar sus 55 metros cuadrados se utilizaron seis toneladas de esta valiosa resina fosilizada. La cámara data de 1707, y es obra de artesanos alemanes y daneses a petición del Rey de Prusia.

En 1717, el rey regaló la cámara al Zar Pedro I el Grande, que ordenó instalarla en el Palacio de Catalina, uno de los edificios de la residencia del Zar en San Petersburgo. Allí es donde la encontraron los nazis en 1941. El tercer Reich no tardó en incluir la cámara en su lista de obras requisadas. Como primera medida, un equipo de técnicos alemanes desmontó la cámara en 36 horas y la trasladó al castillo de Königsberg, donde se exhibió durante un tiempo.

Pero la guerra comenzó a pintar muy mal para los Nazis En 1944, los aliados bombardearon Königsberg (hoy Kaliningrado) y causaron daños al castillo. En enero, el Ejército Rojo comenzó la invasión de Prusia y los nazis ordenaron desmontar la cámara para trasladarla a un lugar más seguro. La orden formaba parte de la Operación Hannibal, una masiva evacuación de tropas de Prusia ante el avance imparable del ejército soviético. Además de sacar tropas, la operación contemplaba el poner a salvo no pocos tesoros expoliados a los territorios ocupados.

Es a partir de aquí cuando los registros se vuelven difusos. La versión oficial dice que los tesoros de la cámara fueron destruidos durante los bombardeos, pero no hay constancia de ello. El ámbar y el oro de la cámara nunca aparecieron entre los escombros de los bombardeos y los rusos nunca la encontraron. No parece probable que lo hicieran y lo mantuvieran en secreto sencillamente porque la cámara es un tesoro nacional para Rusia y su recuperación probablemente sería un jugoso tema del que jactarse en la propaganda.

Foto: Tomasz Stachura / Santi Diving

Una versión de la historia asegura que los nazis lograron zafarse de las tropas aliadas y sacar la cámara de ámbar de Königsberg de alguna manera. Aquí es donde entra en juego el Karlsruhe. El viejo vapor salió del puerto de Hel, en Polonia. Ese puerto está en la misma bahía que Königsberg, a apenas cien kilómetros de la ciudad rusa donde los nazis exponían la cámara de ámbar. Se cree que el Karlsruhe fue el último barco en abandonar la ciudad, y si nos atenemos a las habladurías, lo hizo severamente cargado. Las posibilidades de que la cámara de ámbar esté ahí abajo son, cuanto menos, razonables. Quizá lo sepamos muy pronto.[Santi Diving vía Atlas Obscura]